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El Futuro de la Fabricación y la Sociedad 3D

La impresión 3D, o Fabricación Aditiva, no es solo una máquina; es la base de la próxima revolución industrial. Su verdadero poder reside en cambiar la forma en que los productos se diseñan, producen, y llegan a nuestras manos, afectando profundamente nuestra economía y sociedad.

1. Adiós a la Producción Masiva, Hola a la Personalización:

El modelo actual es la producción masiva (hacer millones de objetos idénticos en grandes fábricas lejanas). El futuro 3D es la personalización masiva: cada objeto puede ser único y adaptado a la persona o al momento. Piénsalo: prótesis médicas hechas perfectamente para la mano de un paciente, zapatillas deportivas diseñadas según la forma exacta de tu pie, o piezas de repuesto que imprimes en casa al momento.

2. Descentralización y Economía Local:

Hoy, si se rompe una pieza de tu lavadora, hay que esperar que llegue de una fábrica en Asia. Mañana, las empresas enviarán el archivo digital de la pieza y tú la imprimirás en un centro local, o incluso en tu hogar. Esto se llama fabricación distribuida y reduce drásticamente la necesidad de transporte global, disminuyendo la contaminación y fortaleciendo las economías locales. El envío se convierte en un simple clic y una descarga.

3. Diseño Sostenible y Menos Desperdicio:

La impresión 3D solo usa el material que necesita (Fabricación Aditiva), lo que reduce el desperdicio casi a cero. Además, los diseñadores del futuro ya no estarán limitados por las formas simples que exigen los métodos tradicionales; podrán crear estructuras internas complejas y ligeras (como huesos o panales) que utilizan menos material, sin perder resistencia. Este diseño se conoce como optimización topológica.

4. El Rol de las Empresas y el Empleo:

Las empresas dejarán de almacenar grandes inventarios físicos (piezas que nadie compra) para guardar un inventario digital (archivos listos para imprimir). Esto cambia los empleos: necesitaremos más diseñadores digitales y menos personal de ensamblaje o transporte de larga distancia. La impresión 3D exige a los jóvenes de hoy dominar el software y el análisis de materiales para crear soluciones

INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA El proceso de impresión aditiva tiene tres partes clave: Diseño: Crear el objeto en un programa de computadora. Preparación: Un software especial (el laminador) toma tu diseño, lo "rebana" y le dice a la impresora: "Ve aquí, calienta a esta temperatura y suelta tanto plástico". Este plan es el código G. Aquí decides el relleno (qué tan sólido será el interior) y si necesitas soportes (estructuras temporales para partes que cuelgan). Impresión: La máquina sigue las instrucciones. Materiales: dos plásticos comunes funcionales y económicos.

PLA y ABS 

Son dos filamentos termoplásticos comunes para la impresión 3D, se distribuyen en el proceso de fabricación aditiva depositando este material en capas. 

El PLA (ácido poliláctico) es biodegradable, fácil de usar y más rígido, ideal para prototipos y aficionados.
El ABS (acrilonitrilo butadieno estireno) es más duradero y resistente al calor, aunque más difícil de imprimir, y se usa en aplicaciones que requieren mayor resistencia.

La clave es pensar: ¿Para qué servirá la pieza? (función), ¿Qué material necesito? (resistencia) y ¿Cómo lo ajusto en el laminador? (tiempo/costo).





FUGA DE INFORMACIÓN  ATEMORIZA A LOS CIBERNAUTAS
La fuga de información es motivo suficiente para que 6 de cada 10 clientes decidan cambiar de proveedor de servicios. Esta fue unas de las conclusiones arrojadas por una reciente encuesta realizada por la compañía global de seguridad informática, ESET Latinoamérica.
Claro que en la industria de la seguridad informática, la fuga de información no es una problemática nueva. A menudo se detectan casos en que tanto organizaciones como individuos en su vida cotidiana resultan ser víctimas de esta modalidad cibernética.
Consultados sobre las acciones a tomar en caso de que su información quedara expuesta a este tipo de incidente, el 81.7% de los usuarios aseguró que cambiaría la contraseña y el 77.3% que cancelaría su cuenta o tarjeta de crédito.
Adicionalmente, 62.9% de los encuestados respondieron que dejaría de utilizar el producto o servicio cuya empresa sufrió la fuga de información.
“Como confirma el resultado de nuestras encuestas, la fuga de información representa no solo un incidente de seguridad que puede tener gravísimas consecuencias sino también un fuerte golpe a la confianza del usuario hacia la empresa. La reputación es un bien intangible determinante en la elección del cliente y preservarlo- junto con la información- debería ser una de las prioridades”, declaró Federico Pacheco, gerente de Educación e Investigación de ESET Latinoamérica.
Según las estadísticas, tras una fuga de información 4 de cada 10 personas tardan alrededor de tres meses en notar que su identidad ha sido robada y el 18% demora más de 4 años en hacerlo.
La pérdida de información puede convertirse en un verdadero ‘dolor de cabeza’ para cualquier empresa que no implemente los controles necesarios para evitarla. 

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